29. ene., 2017

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CALIDAD +

Conceptualizamos el desarrollo profesional docente como lo hiciera hace ya mucho tiempo, aunque de un modo que sigue siendo válido, GRIFFIN (1983:2): "Cualquier intento sistemático de alterar la práctica, creencias o conocimientos profesionales del personal de las escuelas hacia un propósito articulado". No es extraño, pues, que se asocie, como han hecho muchos autores, con al desarrollo de la escuela, al desarrollo e innovación curricular, al desarrollo de la enseñanza, etc. 

Existen, lógicamente, diferentes propuestas de actuación en la concreción del desarrollo profesional de los docentes. En general son distintos modos de estructurar y concretar dicho desarrollo, conceptual y pragmáticamente. En este sentido se habla de "modelos" o "diseños". Se suelen citar los siguientes: Autónomo, basado en la observación y supervisión, de desarrollo curricular y organizativo, de entrenamiento, basado en la investigación, integrador y basado en las necesidades

No es nuestra intención entrar en cada uno de ellos o indicar la necesidad de apoyarnos en uno cualquiera. Todos y cada uno pueden ser válidos para servir como estructuras de apoyo al desarrollo profesional, de acuerdo a las necesidades y condiciones de cada contexto o profesor. Nuestro objetivo es centrar los aspectos más relevantes de esta cuestión con las miras puestas en la actuación y desarrollo profesional de los profesores, tomando como referencia los requerimientos de los procesos de calidad. 

Centrarnos en la acción y desarrollo profesional desde esta perspectiva exige tomar en consideración cuestiones como: el contexto en el que actúa el profesor, los medios y condiciones de actuación, los alumnos, la institución, la formación, etc.; supone, pues, asumir el trabajo docente como un acción que se da en contextos de incertidumbre. 

En general, facilitar la mejora de la actuación docente y propiciar el desarrollo profesional desde parámetros de calidad, supone ayudar a los profesores a identificar vías que realcen sus destrezas profesionales, aunque es preciso dejar constancia de que ni visiones únicas ni simples pueden ser válidas para establecer puntos de apoyo en el perfeccionamiento profesional o para transformar la práctica educativa. 

La amplitud del concepto de "Desarrollo Profesional", la diversidad y complejidad de acciones que pueden conllevar, su carácter contextual, su proyección en el sistema educativo y en los alumnos, etc., hacen difícil, complejo y amplio establecer pormenorizaciones sobre el desarrollo profesional de los docentes. De todos modos, parece necesario conocer y valorar su impacto en aspectos como los siguientes: 

•La acción didáctica, el desarrollo de las instituciones educativas y aun en el desarrollo personal de los profesores. 

•La propia formación de los docentes como profesionales, etc.
Ambos aspectos deberían ser analizados y valorados a través de las dimensiones y componentes clásicos de: valor (teoría, moral y evidencia), mérito (variabilidad, incentivo, mantenimiento y sensibilidad) y éxito (objetivos y formador). Y deberían potenciarse desde actividades dirigidas al desarrollo social, personal, intelectual y pedagógico-

Desde la perspectiva del presente análisis, esto es, desde los requerimientos del proceso que estructura la profesionalidad docente, se debería tender al fortalecimiento de aspectos personales, tales como la actitud, el clima, las relaciones, el diálogo, la participación, la comunicación, la colaboración, o la creación de culturas profesionales y de centro y a: 

•La mejora de la acción, la gestión y la investigación docentes. Estamos hablando por lo tanto, de una apuesta a largo plazo o, si se prefiere, de un proceso amplio, diverso y orientado a metas en buena parte remotas. 

•El cambio de la práctica y también de los conocimientos, creencias y actitudes de los profesores, considerados tanto en la vertiente profesional como personal. 

•Integrar en ese desarrollo no sólo a los profesores, sino también las organizaciones, instituciones, etc.


La diversificación de tareas, la corresponsabilización, la mejora de los ambientes de trabajo, la autonomía, el espíritu de equipo y cierto reconocimiento socio-institucional podrían servir de elementos de apoyo a esa dinámica que antes comentábamos y para el asentamiento de una cultura de la “calidad”.