1. feb., 2017

Texto

LA EVALUACIÓN INSTITUCIONAL: Aproximación conceptual (1)

Si consultamos en el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española), de la palabra institución podemos encontrar, en las dos primeras acepciones, el siguiente significado: 

1.“Establecimiento o fundación de una cosa”. 

2.“Cosa establecida o fundada”. 

Si lo anterior lo aplicamos a la cuestión que aquí presentamos, el Diccionario de Ciencias de la Educación (1983: 300) dice al respecto que la institución debe entenderse como “constelaciones o complejos de normas y principios que regulan, por medio de la ley y otros mecanismos de control social, la acción y las relaciones sociales. Se dirigen a mantener determinados ámbitos de la realidad social. En la mayoría de los casos las instituciones se apoyan sobre un aparato material y formal, esto es, sobre una organización...”. 

En definitiva, como afirma Fernández (1997: 86), “lo institucional es una dimensión de la vida humana, siempre social, presente en todos sus hechos y en todos sus ámbitos de expresión (la comunidad, los establecimientos, los grupos, los sujetos). Ella expresa los efectos de regulación social logrados por la operación conjunta de mecanismos externos e internos de control. Y se concreta –para la percepción de los sujetos- en diferentes formaciones: las leyes, las normas, las pautas, los proyectos, los idearios, las representaciones culturales como marcos externos; los valores, los ideales, las identificaciones, la conciencia y el remordimiento, como organizadores internos de su comportamiento”. 

La institución es el punto de confluencia entre lo individual y lo social y el propósito principal de su evaluación es conocer cómo y por qué funciona de una manera determinada, para comprender y explicar su naturaleza para fundamentar el punto de partida y referencia para el diseño y desarrollo de sus planes de formación. 

Perspectivas de evaluación de instituciones 

Existen tres perspectivas o modelos explicativos que tratan de comprender las organizaciones. Cada uno de ellos ve la realidad institucional de una forma y, en consecuencia, las finalidades y posibilidades de evaluación institucional son diferentes: 

  1. Perspectiva científico-racional: ¿Cómo son las instituciones que siguen este planteamiento? La mejor manera de responder a la pregunta es definiéndolas como entidades eficaces. Tienen perfectamente definidos los rasgos esenciales a cumplir para conseguir una buena organización. Estos rasgos se focalizan “por un lado, en los elementos que la estructuran, que entran a formar parte de un diseño estructural y racional, y por otro, en los individuos dentro de la organización, en cuanto sujetos con rasgos y características propias, cuyas necesidades han de ser satisfechas por la organización y viceversa, pero que tienden, o ha buscarse que tiendan a comportarse racionalmente con vistas a una mayor eficacia organizativa” (González, 1989: 105-106). 
  2. Perspectiva Cultural: La perspectiva cultural “trata de comprender las organizaciones, de interpretar los fenómenos organizativos, más allá de los hechos evidentes” (López Yáñez, 1997: 91). La organización, por tanto, no es concebida como una entidad real, observable y racional, sino como algo plural en las significaciones y coaliciones entre sus componentes para configurar dicha organización y definir sus funciones y metas. En este caso, como bien afirma González (1989: 107), “se habla de organización cuando se llega a establecer y compartir, de una manera rutinizada, formas de entender, interpretar y actuar; al tiempo, la organización pervive en la medida que los acontecimientos y situaciones móviles que originen nuevas interpretaciones y acciones que posibiliten el mantenimiento de la actividad organizada” .
    Las instituciones mantienen una cultura que refleja su imagen corporativa pero que potencia también los niveles de satisfacción y desarrollo personal.
  3. La perspectiva política: Para la perspectiva política, la realidad es inestable porque existen diferentes grupos de intereses que tratan de imponer los mecanismos para conseguir la dominación dentro de la organización. El poder, por tanto, es el centro de atención de este paradigma porque éste “es una estructura dinámica, cambiante(...)Los verdaderos resortes de poder que hay que manejar son de naturaleza informal, es decir, social” (López Yáñez, 1997: 96). En estas circunstancias, la definición de metas y decisiones organizativas surgen, como afirman Bolman y Deal (en González, 1989: 119), “de un proceso continuo de negociaciones y pactos entre los distintos implicados y reflejan el poder relativo que puede movilizar cada parte implicada”.

Estos presupuestos ponen de manifiesto que la definición del funcionamiento de la organización es consecuencia de procesos de análisis, discusión y negociación, por lo que los conflictos, por encima de ser considerados un elemento de ruptura de la organización, es un elemento cotidiano de la vida organizativa. 

La evaluación institucional puede realizarse, por tanto, desde múltiples perspectivas y tener en cuenta o no las múltiples variables. Sin embargo, el que hablemos de orientaciones diferentes no debe llevarnos a considerarlas enfrentadas. Son distintos niveles de análisis que la evolución de la sociedad ha evidenciado. 

Situándonos en una perspectiva actual hemos de pensar que, como escribe Gairín (1997: 94-95), “el problema no reside tanto en describir estas estructuras como en encontrar los mecanismos que permitan una intervención eficaz. El tema se centra en presentar los elementos relevantes de la vida interna de las instituciones y proporcionar elementos que puedan guiar la reflexión que debe acompañar a cualquier proceso de cambio”. Y sigue diciendo más adelante, “nuestra preocupación es analizar de forma global la organización. Mucho de los errores en los que ha caído el análisis organizacional se han debido a la tendencia a resolver sus problemas desde una perspectiva focalizada (‘soluciones de parche’)”. 

Y es esto último lo que queremos evitar en la evaluación institucional. Por encima de la concepción aplicable a la evaluación de una institución, que nos puede ofrecer una visión parcial de la misma, necesitamos recoger todas las aportaciones realizados por estos enfoques y utilizarlos en función de la realidad institucional sobre la que queremos indagar. Y, en este sentido, es reforzante la opinión de la evaluación institucional debe significar y exigir hacer un estudio “desde una perspectiva al mismo tiempo fenomenológica y crítica, dejando hablar a la realidad para que ésta pueda ser interpretada y para que se puedan conocer las causas explícitas e implícitas de los fenómenos organizativos”. 

Paralelamente a lo anterior, y como un elemento más a añadir a la evaluación institucional, no podemos olvidar que el funcionamiento de una institución no es algo lineal. Las instituciones son realidades construidas a través de procesos de interacción social relacionados con el contexto y el ambiente en que funcionan. La consecuencia de esto es clara: la realidad institucional es resultante de fuerzas sociales y materiales profundas que legitiman relaciones, estructuras y condiciones organizativas. 

Si queremos realizar evaluación institucional que tenga un carácter global y que, además, recoja las relaciones de la misma con factores contextuales más amplios como pueden ser el medio social, la cultura, etc., se hace necesario acogerse a una perspectiva que sea respetuosa con todo ello. Para nosotros, la que reúne estas condiciones es la sistémica porque, como afirma Gairín (1997: 94-95), “la aproximación cognoscitiva a la realidad mediante una perspectiva sistémica constituye un enfoque que, aunque tiene limitaciones, permite analizar de manera global la organización. De hecho, muchos de los errores en los que ha caído el análisis organizacional se han debido a que ignoran las relaciones y dependencias mutuas entre sus componentes y las dependencias existentes con sistemas del ambiente”. 

Bajo la perspectiva sistémica, las instituciones son un sistema en sí mismas, y subsistema entre otros de la red de instituciones a la que pertenecen, del sistema al que sirvan y del sistema socio-cultural-económico con el que se relacionan. Además, la teoría de sistemas aporta una serie de principios y conceptos que resultan válidos para analizar cualquier sistema complejo y dinámico, tal como nos presentan Gairín (1997: 95) y López Yáñez (1997: 102-104): 

  1. Las instituciones que analizamos son sistemas de carácter abierto, porque existe una interconexión de influencias con el ambiente que le rodea. 
  2. Son dinámicas, porque el ambiente proporciona a las instituciones energía gracias al establecimiento de metas que le propone, lo que les permite orientar el proceso para alcanzar las finalidades establecidas por el ambiente, superarlas y orientarse operativamente hacia otros fines, modificando incluso una parte del ambiente de referencia. 
  3. La funcionalidad de las instituciones viene definida por la adecuación de los elementos e interrelaciones a los fines propuestos, así como por la adecuación a las exigencias del propio ambiente. Se derivan de este concepto dos niveles de actuación: el interno relativo a la coordinación de los elementos que ayudan al sostenimiento del sistema, y el externo que supone la coordinación de los elementos para facilitar el alcanzar los objetivos del ambiente. 
  4. Globalidad /Totalidad: Un sistema es un conjunto de elementos relacionados de tal manera que funcionan como un todo, esto es, cualquier cosa que afecte a uno de ellos afecta a todos los demás.
    En consecuencia, ningún análisis o esfuerzo de comprensión de estos sistemas puede proceder de manera exclusivamente analítica, esto es, analizando sus elementos por separado o las relaciones que unen a grupos de ellos. 
  5. Autorregulación: Los sistemas que denominamos complejos lo son porque disponen de un mecanismo mediante el cual se autorregulan. Este mecanismo es el feed-back. 
  6. Equifinalidad: Entendida como la posibilidad de alcanzar los objetivos planteados por diversos procedimientos.
  7. Control: Establece el mantenimiento de los procesos de mejora.
  8. Historicidad: Supone que toda institución está enmarcada en un contexto concreto que la caracteriza. La actuación de un sistema es así el resultado de la interrelación de elementos conformados históricamente a través de un tiempo determinado y actuantes en un momento determinado. 
  9. Lógica circular versus lógica causal: Supone que en el pensamiento sistémico, aplicado al estudio de instituciones, todo hecho que se produzca en las organizaciones es a la vez causa y efecto. 

Vistas las diferentes perspectivas referidas a la evaluación institucional, expondremos, (en una nueva entrada) una serie de conclusiones útiles para poder realizarla de forma completa.