3. feb., 2017

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LA EVALUACIÓN INSTITUCIONAL: Modos de realizar la evaluación institucional  (3)

Evaluación Interna o Autoevaluación 

Como exponen algunos autores, la evaluación interna o autoevaluación se produce cuando es la propia institución, como sujeto evaluado, quien valora su propio funcionamiento; esto es, la suficiencia o no de sus recursos, infraestructura, así como el grado de eficacia y eficiencia con el que diversos elementos o variables vienen contribuyendo a los fines de aquélla. 

La base de todo proceso de autoevaluación institucional está en los autores, personajes o participantes de la institución porque son los primeros que han de tomar conciencia de esta necesidad, así como los que en primer lugar deben cuestionar el funcionamiento de la misma. 

Por otro lado, lejos de plantearse como una reflexión particular de cada miembro de la organización, tiene su fuerza en el trabajo colectivo y compartido, como una práctica común. 

Todo proceso de autoevaluación institucional debe tener una serie de cualidades que fundamenta la calidad del mismo y que se suelen concretar en dos dimensiones: 

  1. Dimensión técnica: Hace referencia a las condiciones que garantizan el rigor científico y la eficacia del proceso de autoevaluación institucional. Para que esto sea así, la evaluación deberá ser: 
  2. Referencial, respecto a objetivos y recursos, lo que nos permitirá conocer la razón entre intención y resultados. Continua, entendida como conjunto de momentos valorativos, desde los que emerge una constante construcción de conocimientos sobre la realidad, en un procedimiento dotado de sistematicidad. 
  3. Procesual, facilitando los apoyos necesarios para fundamentar la práctica, tanto como proceso y como resultado. 
  4. Sistemática, planificada en su finalidad y secuenciación, evitando desviaciones no deseables, como la improvisación y parcialidad. 
  5. Dimensión institucional-comunitaria: La participación ha de constituirse en el marco adecuado que garantice el consenso facilitador de decisiones asumidas por la totalidad de estamentos de la comunidad. Desde esta dimensión, la evaluación deberá ser: 

a.Profesionalizadora, porque su ejercicio favorece la formación continua de los profesionales porque favorece la reflexión sobre su quehacer profesional. 

b.Consensuada, en tanto que ha de configurarse como una metodología de reflexión por la comunidad y asumida por todos los departamentos de la institución como vía profesionalizadora. 

c.Integrada, en los documentos de planificación de la institución, garantizando el compromiso comunitario de autorreflexión innovadora. 

d.Contextualizada, porque su finalidad es dar respuesta a los problemas del propio entorno, territorializando las soluciones propuestas. 

e.Participativa, Implicando y responsabilizando a todos los estamentos de la institución, favoreciendo la asunción de estrategias de mejora adoptadas. 

f.Asesorada, por expertos de la misma o de otras instituciones. 

 A pesar de todo lo expuesto, la autoevaluación institucional no es todavía una práctica común, básicamente porque las resistencias con las que se encuentra en su desarrollo frenan estos proyectos. Estas resistencias, adaptadas a las propuestas por Santos Guerra (1990: 155- 159) y Ruiz (1999: 31), son: 

1.Cultura individualista del ejercicio profesional: Nuestra cultura profesional se asienta sobre el individualismo y así no es fácil abordar la tarea de la evaluación institucional. 2.Resistencia de los profesionales a ser evaluados: Durante años a persistido la idea de la evaluación con carácter fiscalizador. Es por esto que existen profesionales extremadamente resistentes a ser evaluados por pensar que alguien puede apoyarse en la misma para perjudicarlos o ridiculizarlos. En cualquier caso, no conviene tampoco forzar a ningún profesional a ser objeto de evaluación porque se perdería toda la eficacia de la misma. 

3.Falta de motivación profesional: En una institución en la que no se han realizado nunca propuestas de evaluación y mejora institucional o las que se han realizado han sufrido todo tipo de obstáculos, falta de colaboración entre profesionales o malas condiciones institucionales, es muy difícil que un profesional emprenda una tarea tal compleja y difícil como ésta y sin otro aliciente que la supuesta mejora institucional y profesional. 

4.Carencia de tiempo: Una autoevaluación institucional requiere una cantidad de tiempo considerable de dedicación. Difícilmente un profesional dispone de este tiempo en su trabajo diario.

5.Falta de formación y apoyo técnico: La falta de formación al respecto y la de apoyo técnico con la finalidad de sentirse seguros de lo que están haciendo, son otros de los elementos que frenan propuestas de esta índole.

6. Falta de credibilidad sobre los que realizan la autoevaluación: No es suficiente la credibilidad requerida por el equipo de profesionales que participan y realizan activamente la autoevaluación. También es necesaria tener la credibilidad del resto de componentes de la institución y esta última es la que más dificultad cuesta obtener. 

7.Ocultación de los problemas sustantivos: Viene derivada de la cultura individualista del ejercicio profesional. Esto provoca que los problemas fundamentales de carácter general se oculten, aminores o desvirtúen, centrándose sólo en aquellos temas que individualmente puede resolver cada uno. Sin embargo, la institución, a nivel global, sigue operando con los mismos vicios y rutinas. 

8.Retrasar el comienzo: Se tiende a retrasar el momento de empezar porque nunca se llegan a dar las condiciones ideales para ello. 

9.Impaciencia por obtener resultados: La autoevaluación institucional es un proceso lento. La institución o los profesionales de la misma pueden tener excesiva prisa por obtener resultados y la falta inmediata de los mismos puede provocar impaciencia y tender a dejar de lado dicha tarea. 

10.Jerarquía: Si la autoridad actúa poniendo freno al proceso de autoevaluación, no será posible evaluar la institución. La jerarquía debe facilitar la actuación con libertad de los evaluadores. 

11.Territorialización: Hay territorios con fronteras demarcadas, por ejemplo, áreas, departamentos, consejos de dirección, etc. Estos elementos pueden negarse a ser evaluados. Esto debe evitarse en aras de la transparencia, ejemplaridad y coherencia. 

12.Privacidad: Frente al individualismo y la privacidad del ejercicio profesional, el trabajo en equipo. La mejor forma de promover la autoevaluación es que un equipo ponga en marcha el proceso y se hagan evidentes los beneficios para la actividad y funcionamiento institucional.

Todo planteamiento de autoevaluación institucional que quiera tener garantías de éxito ha de hacer énfasis en la configuración de estrategias superadoras de las resistencias antes anunciadas. De carácter global y con intención orientativa se podrían seguir las siguientes: 

1.Negociación de la propuesta de evaluación con los profesionales

2.Negociación con todos los estamentos de la institución. 

3.Planificación de la evaluación. 

4.Obtención de datos a través de diversos métodos.

5.Elaboración de informes. 

6.Negociación de los informes.

7.Toma de decisiones.