27. feb., 2017

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Dimensiones de las representaciones sociales (1)

Como materia prima y como metodología para la interpretación de la realidad, las representaciones sociales presentan una doble dimensión: intra e inter subjetiva, lo que permite plantear el interrogante de cómo se producen psíquica y socialmente. 

Desde la perspectiva intrasubjetiva, el análisis exhaustivo desarrollado por Jiménez Silva permite considerar los aportes del psicoanálisis a partir de la obra de Freud, vinculándolos con los procesos de enseñanza y de aprendizaje. La teoría psicoanalítica freudiana aborda la problemática de las representaciones planteando la existencia de por lo menos tres tipos de representaciones: de palabra ( que establecen no sólo el vínculo con la realidad, sino que la constituyen para el sujeto desde el momento que el lenguaje construye la concepción de la realidad), de cosa u objeto (que implican un trabajo activo de asociación por el cual la representación es más que lo percibido de la cosa) y de frontera (o representaciones de compromiso que implican una subjetividad comprometida, activa, vinculadas al acto de represión y de pulsión) 

Entre los aportes fundamentales de la obra de Freud para el tratamiento de las representaciones sociales, es necesario destacar algunas como: 

Las representaciones no son percepciones, y su punto de diferencia principal está en la condición de pensar. El pensamiento cuyo anhelo es establecer la identidad entre la cosa percibida y el objeto representado, existe siempre y cuando tal identidad se logre. Las representaciones no son el resultado de la impresión de una cosa en lo mental, sino el producto de un proceso asociativo muy complejo 

Las representaciones no son imágenes, no constituyen el resultado de una impresión especular pasiva, sino que devienen de un trabajo asociativo complejo, que se ensambla en un entramado de representaciones o sistemas de representaciones relativamente estables.. 

Las representaciones trabajan y son trabajadas, a partir de ciertos mecanismos básicos como el de condensación (que permite que las representaciones singulares, por repetición y por descarga trasciendan las meras percepciones) ; el de enlace (que permite conformar el entramado de representaciones como condición de la adquisición de significado); el de actividad ( que permite conformar un material de archivo de “movimiento permanente en y entre representaciones”); el de mediación (o “actividad metabólica que pone en juego por una parte, la pulsión, la historia de encuentros entre el sujeto y la otredad, las huellas de esos encuentros, y por otra, los significados lingüísticos e imaginario social a que accede el sujeto”) (Jiménez Silva). 

El deseo permite investir a la representación de una condición que supera la simple asimilación entre la cosa percibida y el objeto representado. 

Si bien el psicoanálisis ha dado su mayor respuesta al cómo se conforman intrapsíquicamente las representaciones no pueden desconocerse los aportes que ilustran especialmente la dimensión relacional en la que se inscriben éstas. 

Algunos de estos conceptos psicoanalíticos, son el de fantasma (como núcleo de la dinámica entre interiorización y exteriorización), el de transferencia (como repetición de prototipos de experiencias previas sobre la vida relacional actual) y el de identificación (como un modo esencial de percibirse, a nivel imaginario, idéntica a otra en relación a un rasgo, una actitud, o globalmente). 

Desde la perspectiva intersubjetiva de las representaciones sociales, son fundamentales las aportaciones que provienen de la sociología del conocimiento (Durkheim); la fenomenología existencial (Sartre); la fenomenología social (Laing); el estructuralismo constructivista de Bourdieu y Passeron ; el estructuralismo de Berger y Luckman; la psicosociología y las contribuciones del interaccionismo simbólico (G. Mead; Goffman; Tajfel y  Blumer), como así también la Psicología Cognitivista Social (Bruner; Potter,; Killpatrick y Heider,). 

Referirse a una perspectiva intersubjetiva de las representaciones sociales no significa desconocer que en su tratamiento hay posiciones encontradas y otras complementarias. 

En general, los aportes a la intersubjetividad de las representaciones evidencian la preocupación por conocer los procesos “internos” (al interior de la subjetividad) que interpretan y construyen la realidad, en un enfoque que va más allá de lo fenomenológico y del que emergen una serie de estudios centrados en la explicación del pensamiento social, tanto desde su dimensión social como cognitiva. 

Desde una concepción objetivista de lo intersubjetivo, el concepto inicial de las representaciones sociales es el de representación colectiva, acuñado por Durkheim. Con este término se incluyen la ciencia, mitos, ideas, religión y emociones que ocurren en una comunidad y constituyen conceptos explicativos irreductibles...en tanto conocimiento, no son el resultado de las percepciones inmediatas del individuo, sino de la mediación de las categorías implantadas en la mente. De la sociología del conocimiento se deriva un concepto subyacente que es de suma importancia para el tratamiento de las representaciones: los hechos sociales son independientes y externos a la conciencia individual y se constituyen en una entidad supraindividual

Del mismo modo, es posible afirmar desde esta perspectiva que la vida colectiva no emerge de la vida individual, sino a la inversa. Este es uno de los principios que permite afirmar el reduccionismo objetivista de las representaciones sociales que emerge de los aportes de Durkheim, poniendo el énfasis en la dimensión material- subjetiva como constituyente de lo social. 

Siguiendo con este pensamiento, es posible afirmar que el concepto es algo impersonal, que se sitúa fuera del individuo, de tal manera que el producto de una representación social es una “construcción colectiva que existe independientemente de los individuos particulares...y que forman parte del bagaje cultural de una sociedad”. (Ibáñez). 

Desde una concepción subjetivista de la perspectiva intersubjetiva, uno de los aportes más profusos lo constituye el interaccionismo simbólico, que reivindica al sujeto como constructor de lo social. Para G. Mead el individuo se experimenta a sí mismo como tal, pero a partir de adoptar el punto de vista de los otros o del grupo social al cual pertenece. Implica este concepto la interiorización del punto de vista del otro, a partir de una interacción mediatizada por símbolos que son significativos. 

Es necesario abordar la teoría de las representaciones sociales, cuyo máximo exponente es S. Moscovici , quien elabora su teorización a partir de prolongadas investigaciones desarrolladas con el objeto de poder entender la naturaleza del pensamiento social. Tanto los principios con los que trabajó, como la metodología desarrollada en sus investigaciones (entrevistas y análisis de contenido) ofrecieron desde un principio una serie de resistencias y de fuertes críticas en la comunidad científica. 

Moscovici alude tanto al modo de pensar e interpretar la realidad cotidiana, como a las decisiones y acciones que se generan a partir de la misma. De este modo, las representaciones sociales se sitúan entre lo psicológico y lo social, constituyendo modalidades de pensamiento práctico, socialmente elaborado y compartido, orientado a comprender, dar sentido y explicar los hechos e ideas de nuestro universo vital. 

Esta perspectiva permite destacar al menos tres dimensiones: actitud, información y campo de representaciones, y al mismo tiempo tener en cuenta ciertas derivaciones que se desprenden del concepto de representación social: 

La teoría de las representaciones sociales constituye un modo de abordar la construcción social de la realidad, permitiendo la coexistencia de las dimensiones cognitivas y sociales de esa construcción, yendo mucho más allá de las opiniones o de las simples imágenes o reproducciones de la realidad externa . 

La naturaleza genuina de las representaciones sociales radica en la construcción social de la realidad en un universo consensuado, constituido por el conjunto de significados que adquieren los objetos cuando son aprehendidos socialmente. 

Enmarcada en la teoría de las representaciones sociales, resulta útil partir de los aportes de Jodelet  para quien esta noción...”antes que nada concierne a la manera en que nosotros, sujetos sociales, aprendemos los acontecimientos de la vida diaria, las características de nuestro medio ambiente, las informaciones que en él circulan....Este conocimiento se constituye a partir de nuestras experiencias, pero también de las informaciones, conocimientos y modelos de pensamiento que recibimos y transmitimos a través de la tradición, la educación y la comunicación social. De este modo, este conocimiento es, en muchos aspectos, un conocimiento elaborado y compartido”, constituyendo un

Tomadas las representaciones como “conocimiento práctico” (Jodelet,), implican un conocimiento espontáneo, ingenuo, natural y consensuado, que da sentido y contribuye a la construcción social de la realidad. 

Estos saberes prácticos, a menudo implícitos, no siempre encuentran vehículos de expresión verbal, lo que conlleva un problema metodológico “a partir del momento en que el conocimiento científico de las representaciones sociales se constituye en base a las producciones discursivas proporcionadas por los sujetos” (Ibáñez)