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6. mar., 2017

LA PROFESIONALIZACIÓN

Esta dimensión de análisis, en permanente definición, ofrece ciertas dificultades para su indagación: “es imposible discutirla sin referencias al momento histórico concreto, a la realidad precisa del sistema escolar en el que tiene que actuar y a la evolución del conocimiento que técnicamente pretende legitimarla” (Gimeno) quedando así plasmado lo idiosincrásico de la profesionalidad del profesor. 

Profesionalidad, profesión, profesionalización, profesionalismo son conceptos que ofrecen ambigüedad dada la aplicación indistinta que suele hacerse de ellos según los diferentes alcances y contextos en los que se aplican. De ello dan cuenta, entre otros, Villar; Marcelo, Imbernón; Ferreres y Montero. 

El concepto de profesión no es neutro, advierte Ginsburg en clara alusión a los enfoques socio- funcionalistas que tomaron a la profesión y al grupo profesional (Fernández Enguita, Marcelo, Montero,) como un colectivo autorregulado de personas que trabajan directamente para el mercado en una situación de privilegio monopolista. 

Muchos de los estudios sobre lo profesional en la docencia “no están exentos de críticas a causa de una presentación excesivamente local y descontextualizada, o por obviar la lógica procedencia política de las características profesionales, como la legitimación social de un poder y de una autoridad”, afirma Imbernón en clara alusión a los aportes realizados por Popkewitz, Apple y Guinzburg entre otros. 

Batallán sitúa el origen del debate político- técnico sobre la profesionalización del trabajo docente, en los Estados Unidos de Norteamérica, con la política neoconservadora impulsada a fines del decenio de los ́70, como un intento de limitar la estructura burocrática del sistema educacional. El modelo, inspirado en la sociología de las profesiones, “suponía que la mayor autonomía de los maestros en la sala de clases aumentaría su liderazgo, llevando a limitar la burocracia”. 

El concepto de profesionalización hace referencia al “conjunto de procesos históricamente analizables mediante los cuales un grupo de profesionales logra demostrar su competencia en una actividad de relevancia social y es capaz de transmitir a otros tal competencia y de imponer su modelo frente a otros profesionales y profesiones concurrentes con la ayuda del Estado” (Tenorth). 

En otros contextos, y particularmente en España, el discurso de la profesionalización docente está provocando, según Yus, “una contradicción consistente en que, por un lado interioriza una mentalidad colectiva de un estatus funcionarial que ofrece seguridad y prestigio profesional; y por otro, se observa, además del empobrecimiento cultural, de la modesta extracción social y pobre formación inicial, otros factores 

relacionados con la división del trabajo y la separación entre los niveles de concepción y diseño de la enseñanza y los de ejecución práctica” (Fernández Cruz). 

Para Labaree, la profesionalización, como proceso de racionalización y formalización de la enseñanza que impulsa la posición de las ciencias de la educación en el mapa de las áreas de conocimiento científico, lleva a fortalecer “una racionalidad técnica cuyo objetivo es la regulación fuerte de la práctica ignorando el fracaso a que irremediablemente conduce esta posición que no es capaz de articular una relación funcional- para el ejercicio de la profesión- entre conocimiento teórico y conocimiento práctico” (Fernández Cruz) 

En cuanto al concepto de profesionalidad docente, se toma como relevante aquel que la toma como expresión de la especificidad de la actuación de los profesores en la práctica, es decir, “el conjunto de actuaciones, destrezas, conocimientos, actitudes y valores ligados a ellas que constituyen lo específico de ser profesor” (Gimeno, González Soto). 

El concepto de profesionalidad, desde la perspectiva que sirve como punto de partida para esta visión que se presenta aquí, permite un acercamiento al de identidad profesional y al de cultura profesional, al tener en cuenta toda la compleja realidad objetiva e inter subjetiva que caracteriza a los miembros de una misma comunidad profesional. Pero si bien la profesionalidadimplica una referencia a unas determinadas características específicas debidas a la formación y a la experiencia de la persona que ejerce la actividad laboral, y que está expuesta a la dinámica externa del mercado del trabajo” (Imbernón), es necesario aclarar que la identidad profesional implica, además, una dimensión subjetiva de aceptación del compromiso profesional y de pertenencia a la comunidad profesional (Fernández Cruz). 

El docente construye su identidadsobre la base de una compleja trama de lugares adjudicados, creencias, deseos propios y de otros, su ideal del yo, del mundo como quisiera que fuera” (Edelstein), en un proceso que además, representa rupturas y escisiones propias, cargadas de lo que no se reconoce, de lo que falta, de lo que se oculta. De allí, que en la constitución identitaria docente sea importante la inclusión de “la máscara profesional”, como elemento compensatorio de lo oculto, del reconocimiento del sí mismo profesional 

La identidad profesional implica siempre una cultura profesional, que a su vez se remite a una identidad colectiva, lo que no significa necesariamente homogeneidad (Abraham) . 

Esta asociación permite aventurar la siguiente relación, en la que se advierten las dimensiones socio- didácticas de la profesionalidad; las socio- antropológicas de la cultura profesional y las psico-sociales de la identidad profesional

La conceptualización de la profesionalidad es muy compleja por el sinfín de elementos que la constituyen y que la plantean como un proceso histórica y antropológicamente condicionado por diversas prácticas.  Al menos ha de contemplarse:

tipificación profesional: En el intento de superar el enfoque tradicional de “caracterizar” al profesor según sus rasgos y factores, se intenta abordar un enfoque alternativo que permita indagar la representación de su función profesional a partir de categorizaciones que permitan decir de él si es considerado profesional, experto, técnico, burócrata, agente de cambio social, trabajador social, etc en relación a la cultura profesional donde se lo contextualiza. 

autonomía profesional, en relación a la consideración de un espacio laboral y social propio, de un control interprofesional, de una afiliación colectiva, de responsabilidades propias de la tarea profesional, de la capacidad de evaluar y de la autocrítica profesional.

autoridad social o capacidad de incidencia social, y del reconocimiento que socialmente se hace sobre la capacidad del profesor de incidir en decisiones consideradas de relevancia social y política

prestigio o estatus del profesor dentro del entorno social y de los contextos socio- institucionales en general. Está relacionado con el concepto de promoción y movilidad social y económica, asociado a la percepción que los futuros profesores y profesionales de  Ciencias de la Educación advierten y subjetivan en relación a la jerarquía profesional que las instituciones y la sociedad en general brindan como imagen especular.