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17. mar., 2017

La formación profesional en España. Hacia la sociedad del conocimiento (1) 

El estudio (hecho público en 2008) lo recogemos en esta entrada para contar con un contrapunto a la hora de analizar el camino recorrido hasta la fecha y de reflexionar sobre los que nos falta. También, como es lógico, para completar otras entradas sobre el mismo tema.

Este estudio que referenciamos y que puede obtenerse de internet activando el título de esta entrada, ofrece un análisis del proceso de transición hacia un sistema de formación profesional moderno, concebido como vía de especialización, tanto de los jóvenes antes de incorporarse al mercado laboral (formación profesional inicial) como de los trabajadores activos o desempleados que necesiten actualizar sus conocimientos y habilidades (formación profesional para el empleo).

Se pueden identificar en el sistema de formación profesional una serie de características positivas, pero también algunas debilidades y aspectos que es preciso mejorar.

Entre los puntos fuertes del sistema de formación profesional se encuentran los siguientes:

  • El acceso a la formación profesional inicial requiere la obtención previa del Graduado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que supone un nivel mínimo de entrada.
  • Las prácticas en empresas como contenido obligatorio han contribuido a mejorar la relación entre centros de formación y empresas, y a facilitar la inserción laboral de los jóvenes titulados en formación profesional.
  • Un número importante de jóvenes accede a los ciclos superiores de formación profesional, una parte de los cuales continúan sus estudios hasta la universidad. En el curso 2004-2005, el 8,3% de los estudiantes matriculados en la universidad procedían de estos ciclos superiores.
  • En los últimos años se ha producido una mayor incorporación de mujeres en la formación profesional inicial. Si en el curso 2000-2001 el 46% de los estudiantes matriculados eran mujeres, este porcentaje se elevó al 49% en el curso 2006-2007. En los ciclos superiores, el número de mujeres incluso supera, en términos absolutos, al número de hombres: en el curso 2007-2008 las mujeres han representado, frente a los hombres, el 51% de las matriculaciones.
  • La formación profesional para el empleo –aunque apareció de manera tardía y muy ligada a la entrada en la Comunidad Económica Europea y el acceso a sus fondos– ha evolucionado de manera muy rápida y hoy es homologable a los modelos europeos. En este tiempo se ha extendido el valor de la formación entre las empresas y los trabajadores, tanto ocupados como desempleados.

 Por el contrario, en el estudio también se señalan algunos puntos débiles, entre los que destacan los siguientes:

  • España tiene uno de los peores indicadores de abandono prematuro del sistema educativo. En 2007, el 31% de los jóvenes entre 18 y 24 años no había conseguido obtener el Graduado de la ESO ni continuaba estudiando, cuando en el conjunto de la Unión Europea ese porcentaje sólo llegaba al 14,8%. Esto priva a la formación profesional inicial de un importante contingente de posibles candidatos para acceder a ella, a la vez que implica que durante años miles de jóvenes han abandonado el sistema educativo sin ninguna cualificación ni preparación para el mercado de trabajo.
  • El mercado de trabajo en España se caracteriza por unas altas tasas históricas de desempleo, cambios bruscos de ciclo económico y ciertas carencias en cuanto a la cualificación de los trabajadores. En concreto, mientras que en Europa, como promedio, el 49% de la población ocupada tiene una cualificación profesional intermedia, en España este porcentaje sólo alcanza el 23,1%. En contraste, los niveles bajos de cualificación resultan mucho más altos en España (42,4%) que en Europa (23,2%), así como también lo son los niveles superiores (34,5% frente a 27,8%).
  • Muchos trabajadores altamente cualificados trabajan en puestos por debajo de su cualificación, o incluso están inactivos o desempleados. El escaso número de personas cualificadas en el mercado de trabajo corresponde también a una débil demanda de cualificación por parte de las empresas, con lo cual se ha producido históricamente un proceso de mutua adaptación a la baja entre sistema formativo y sistema productivo. La especialización del trabajador se lleva a cabo en la propia empresa, pero en muchas ocasiones resulta muy específica y poco generalizable, cosa que perjudica la movilidad del trabajador en el mercado de trabajo.