18. mar., 2017

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La formación profesional en España. Hacia la sociedad del conocimiento (2)

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En base a lo escrito en la anterior entrada, la integración y articulación entre el subsistema de formación inicial y el de formación para la ocupación es complicada, en parte debido a factores como los siguientes:

  • La doble dependencia de la formación profesional: mientras que la formación inicial depende del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, la formación para el empleo lo hace del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Esta dicotomía se reproduce en las comunidades autónomas, en las que las consejerías de educación y de trabajo se dividen el sistema de formación profesional.
  • La dificultad de articular un sistema central compatible con la descentralización que supone la transferencia de competencias en esta materia a las autonomías y la falta de consenso entre ambos terrenos administrativos (central y autonómico). La descentralización tiene implicaciones muy positivas, entre las que destaca su mayor adaptabilidad a mercados de trabajo y circunstancias locales, pero si no existe coordinación se puede llegar a una cierta dispersión del sistema y a la duplicidad de instituciones y funciones.
  • Cierta tendencia a que la formación se oriente a la transmisión de conocimientos (muchas veces teóricos) y no tanto al entrenamiento de destrezas, habilidades y actitudes profesionales. Esta característica dificulta la implantación de una formación basada en competencias.
  • Presencia de las mujeres en familias profesionales concretas. Tres de estas familias (sanidad, administración e imagen) agrupan el 74% de las alumnas que cursan ciclos formativos de grado medio. Esta diferenciación por sexos en la formación es mayor que la que se observa en el mercado de trabajo.
  • Los programas formativos para trabajadores empleados, aunque llegan a muchas empresas, lo hacen de manera desequilibrada en función de su tamaño. Mientras que en las empresas de menos de 10 trabajadores las tasas de acceso a estos programas no llegan ni al 8%, entre las de más de 500 trabajadores esa tasa supera el 75%.

La superación de estas limitaciones es especialmente importante en un momento como el actual, en que la aparición de la denominada "sociedad del conocimiento", la integración en mercados globales y la transformación de los modelos productivos suponen nuevos desafíos. En este sentido, el sistema de formación profesional tiene que abordar aspectos como la implantación de una formación basada en competencias y la generalización de un modelo de formación continua. Entre los desafíos que plantea este tipo de formación en los próximos años se encuentra cómo acreditar las competencias de aquellos trabajadores que no disponen de una titulación académica, pero que sí cuentan con un gran bagaje de experiencia profesional.

De igual modo, el estudio propone una serie de iniciativas que se agrupan en cuatro grandes bloques: las dirigidas a mejorar el nivel de cualificación en el mercado de trabajo, las tendentes a potenciar la formación en la sociedad del conocimiento, las relacionadas con la mejora de la gobernanza del sistema y, por último, las que se derivan de la consecución de un nuevo acuerdo global para la formación y la cualificación.