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26. mar., 2017

(1) LA EVALUACIÓN: ALGO MÁS QUE UNA COMPROBACIÓN: Estándares y SUS CRITERIOS

Ha aumentado la preocupación por la evaluación, en la formación y fuera de ella. En ese aumento ha contribuido el gran desarrollo de la evaluación, fruto del esfuerzo y la preocupación tanto de investigadores como de la presión social vehiculizada por la política educativa, que han propiciado la creación de distintos organismos como el Comité Conjunto de Estándadres para la Evaluación Educativa (CCEEE) - Joint Committe on Standars for Educational Evaluation- en los E.E.U.U., la Agencia para la Evaluación de la Calidad -Quality Assessment Agency (QAA)- en el Reino Unido, el Instituto Nacional de Calidad de la Educación (INCE) o la recientemente ANECA creada, en España al amparo de la LOU u otros organismos similares en otros países,.

Su finalidad, según el caso, puede ser triple: por un lado, realizar estudios teóricos, heurísticos y especulativos que permiten afianzar nuevos conocimientos y abrir campos de investigación; por otro, fijar criterios de ejecución, elaborar normas de procedimientos o facilitar información e instrumentos para realizar las evaluaciones de acuerdo a esos principios; y, finalmente, convertirse en centros captadores de informes y estudios, que operen como base de datos, para, a su vez, realizar sus propios estudios, elaborar metainformes de los recibidos y proseguir con sus propuestas teóricas como generadores de conocimiento en relación con la evaluación.

La preocupación por los estándares para la evaluación representa una interesante corriente americana que nació a finales de 1975 a partir de un comité formado inicialmente por nueve personas procedentes a partes iguales de la Asociación Americana de investigación Educativa, la Asociación Americana de Psicología y el Consejo Nacional de Medición en Educación a quienes después se unieron otras personas de otras instituciones, asociaciones, federaciones o consejos Sus primeros trabajos salieron a la luz en 1981, posteriormente revisados en 1994  (Comité Conjunto... 1998), también es interesante destacar otro trabajo de 1988 (Comité Conjunto (2001, o Stfflebeam 2001). 

Según ambos textos, el primero sobre evaluación de programas proyectos y materiales educativos y el segundo sobre evaluación del personal –profesores-, la conceptualización del término estándar se basa en las siguientes ideas:    

Un estándar ha sido definido comoun principio mutuamente acordado por las personas implicadas en la práctica profesional de la evaluación, que si se cumple, mejorará la calidad y la justicia de la evaluación” (Comité Conjunto de Estándares para la Evaluación Educativa, 1998: 30); otra versión de la misma fuente, pero retomando la definición inicial de 1981 afirma que es “un principio comúnmente asumido por las personas implicadas en la práctica profesional de la evaluación para la medición de la valía o la calidad de una evaluación (Comité Conjunto de Estándares para la Evaluación Educativa, 2001: 26). Se advierte que en la primera versión el peso inicial de la medición está mucho más presente en el comité que aceptó dicha definición que en el del segundo, bastante más descargado del peso positivista. (No ha de olvidarse que los primeros estándares presentados versaban sobre los tests y manuales educativos y psicológicos, en un trabajo de 1974 sobre una versión inicial de 1966 -Comité Conjunto, 1998). 

En el caso de los programas y en el de los docentes, los estándares se ofrecen como una guía que orienta su aplicación en diferentes marcos (centros, universidades, leyes, medicina, ejército, negocios, administración, seguros sociales...) a la vez que ofrecen explicaciones, propósitos, pautas de acción, casos ilustrativos o situaciones de aplicación, errores más comunes y documentación de apoyo.

En el caso de evaluación de profesores su evaluación ha sido definida como “la evaluación sistemática de la actuación profesional y/o cualificaciones de una persona en relación con un cometido profesional y (a) algún fin institucional justificado y defendible” (Stufflebeam, 2001: 26) Al igual que el anterior estudio sobre programas, presenta una disposición y estructura idéntica de los veintiún estándares en este caso, frente a los treinta anteriores, agrupados en las cuatro características o atributos básicos de una evaluación bien fundamentada: propiedad (en algunos textos ha sido traducida por legitimidad) utilidad, viabilidad (en algunos textos, factibilidad) y precisión (que iremos viendo en otras entradas).