31. mar., 2017

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LOS CONTENIDOS Y LA CULTURA

 Profesionales de la educación, como son los Educadores/as Sociales y los Pedagogos/as, tienen que fundamentar su acción didáctica, sea cual sea el ámbito en el que estén inmersos o el grupo de aprendizaje con el que estén interviniendo. Y es en esto en lo que se diferencian estos profesionales de otros que pueden estar implicados en el ámbito educativo. La programación del proceso de enseñanza-aprendizaje sitúa los principios y procedimientos para que los Educadores/as Sociales y Pedagogos/as puedan plantear con rigor su actuación formativa, dotándoles de los recursos necesarios para organizar y desarrollar actividades formativas.

Estos profesionales de la educación, en su actuación técnica y quehacer profesional, han de organizar, disponer, ejecutar y controlar una actividad didáctica, situada en un determinado contexto, con profesionales y estructuras específicas. Estas operaciones constituyen la programación.

Los requisitos de esa operación conforman una  Competencia genérica de ambos profesionales la “Planificación y Organización”. Esta es la razón por la cual hemos considerado “Diseñar planes, programas, proyectos y actividades de intervención socioeducativa en diversos contextos” como una competencia profesionalizadora de los Educadores/as Sociales pero considerando ésta una competencia integradora y complementaria de los Pedagogos/as. Por ello, también, proponemos que el “Diagnosticar las necesidades y posibilidades de desarrollo de las personas para fundamentar las acciones educativas” sea  una competencia complementaria de los Pedagogos/as pero, como en el caso anterior, considerando también la misma como una competencia integradora y suplementaria de los Educadores/as Sociales.

En todos los casos de intervención la Cultura es el referente de la actuación didáctica por su impacto en el diseño del proceso Enseñanza-Aprendizaje

La acción Didáctica, como expusieron nace, se justifica y cobra significación en contextos o situaciones concretas. En la acción Didáctica, el centro de atención es el ser humano pero siempre en relación con el marco que le sirve de referencia y a partir del cual surge el qué, para qué y por qué de dicha acción Didáctica. En este marco de referencia, la cultura determina aquello de lo que el ser humano se ha de impregnar culturalmente. Para ello, la cultura trasciende a la sociedad que es la que va a favorecer, a través de los procesos de socialización, la adaptación de este individuo. 

La acción Didáctica debe propiciar ayudas a para que los seres humanos hagan propio el conjunto de hábitos, costumbres y conocimientos científicos, literarios y artísticos del espacio social en que viven en una época determinada, porque partir de ahí el individuo podrá recrear (operar, ampliar, transformar, etc.) dicha cultura.

Formar para la ciudadanía, preparar a las personas para afrontar las demandas futuras y, en definitiva, conseguir el desarrollo integral de los individuos desde que nace hasta el final de sus días, tanto en el ámbito educativo formal, como en el no formal, desde la educación infantil hasta su desarrollo profesional, son los retos principales que se propone la sociedad del siglo XXI. 

Sin embargo, el modelo de educación tradicional ha centrado su atención en el aprendizaje de unos conocimientos y en una concepción generalizada sobre el valor intrínseco de los saberes teóricos. No ha considerado la valía añadida que tienen estos saberes teóricos si se educa para que sean aplicados en la práctica. 

Este vacío está provocando un cambio rápido en el papel a jugar por la educación y en el quehacer de la misma. En la actualidad, la estructura curricular fundamentada en la especialización y fragmentación de los conocimientos está dando paso a otra que aboga por la “transdisciplinariedad y la interdisciplinariedad, por el pensamiento sistemático, por la comprensión global de los procesos en los que las personas participan permitiendo encontrar sentido y comprender más profundamente las metas y las tareas necesarias para lograrlas y aprovechando el conocimiento que se genera” (Yániz y Villardón, 2006: 12). 

Los conocimientos se deben seleccionar en función de lo que el sujeto que aprende debe saber y éstos, lejos de ser asumidos por el alumnado sólo desde el ámbito conceptual (saber), deben ser adquiridos desde los ámbitos procedimental (saber hacer) y actitudinal (saber ser y saber estar). Sólo de esta forma, los conocimientos darán respuesta al alumnado para poder afrontar los problemas de la vida. 

Todo ello se viene traduciendo en una forma distinta de ver el proceso de enseñanza y aprendizaje, que se viene sustentando ahora en las “competencias”. ¿Qué son las Competencias? Existen en la actualidad una infinidad de definiciones que tratan de mostrar qué se debe entender por competencia. No es objeto de esta entrada hacer un estudio detallado de ello pero si tomaremos como referencia una de ellas, concretamente la desarrollada por Zabala y Arnau (2008: 45) podríamos establecer que: 

“La competencia ha de identificar aquello que necesita cualquier persona para dar respuesta a los problemas a los que se enfrentará a lo largo de su vida. Por tanto, competencia consistirá en la intervención eficaz en los diferentes ámbitos de la vida mediante acciones en las que se movilizan, al mismo tiempo y de manera interrelacionada, componentes actitudinales, procedimentales y conceptuales”

Si las competencias son la forma en que una persona utiliza todos sus recursos personales para actuar de forma eficiente en un contexto determinado, éstas se convierten en organizadores de la actuación del individuo porque moviliza sus conocimientos, sus procedimientos y sus actitudes de una forma interrelacionada. Es importante que la persona las adquiera, las configure y las fortalezca a través de su uso.

Las competencias se conforman como el hilo conductor del proceso enseñanza y aprendizaje ya que ponen de manifiesto los niveles de consecución de las capacidades propias que en cada proceso educativo y formativo que se quiera desarrollar. 

Las Competencias se convierten, de esta forma, en organizadoras de dicho diseño. Son el elemento central del diseño de dicho proceso, ya que permite a éste identificar la situación del grupo de aprendizaje con respecto a ellas, concretar la formulación de objetivos para lograr su consecución, identificar los contenidos para ser trabajados de forma alineada con las mismas. 

Todo lo anterior, reforzado mediante el uso de unas estrategias metodológicas idóneas y unos recursos que se adecúen al desarrollo de las citadas Competencias. Además de esto, las Competencias permiten la identificación de los criterios de evaluación imprescindibles para su aprendizaje.