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14. abr., 2017

APRENDIZAJE

Durante buena parte del s. XX se mantuvo la idea de que no todos los seres humanos eran educables, cuestión que era justificada desde la Medicina, la Psicología y la Pedagogía y, lógicamente, asumida por la sociedad. Tanto era así que muchos niños se hacían invisibles al entorno, pues eran confinados en sus casas, por vergüenza o por ciertas creencias absurdas que sustentaba la propia religión  (Los niños que nacían con alguna malformación eran considerados “hijos del diablo o producto de los "pecados" de los padres).

Poco a poco la Pedagogía fue demostrando que eso no era así, mientras la Psicología ponía en marcha en “condicionamiento operante” como remedio, con el que era fácil “domesticar”, pero no “enseñar”. Es más, se pusieran en marcha metodologías y recursos que ayudaban a esos niños y que también lo hacían a los que se consideraban “Normales” (perdonen las expresiones, pero estamos respetando lo que se decía en aquellos momentos) pero que presentaban dificultades en su proceso de aprendizaje.

Más tarde, la Medicina ha ayudado a asumir a los nuevos padres que efectivamente todos somos educables, aunque algunos presentamos algún tipo de “síndrome” que dificulta o requiere de ciertos tratamientos especiales. Y como es muy difícil asumir que solo el esfuerzo y la combinación de educadores especializados y padres podría ser la solución, pues esa teoría se ha adoptado con una voluntad inusitada y hoy tenemos “síndromes” para justificar todo.

Hemos de decir que muchos de los trastornos de aprendizaje NO están relacionados con problemas de aprendizaje, son problemas específicos que dificultan algunos tipos de aprendizaje. Así ocurre que muchas de las dificultades para aprender no sean de orden neurológico, ni debidos a discapacidades sensoriales (auditivas o visuales, por ejemplo) o problemas emocionales y si lo son, la Pedagogía cuenta con soluciones para todas ellas: dificultades en la lectura y escritura o cálculo, dificultades del habla o del lenguaje, déficit de atención…

No es preciso medicar a los niños, ni provocar falsas creencias o generar centros especiales… solo es preciso atender cada realidad y contar con la comprensión y ayuda de los padres, cosas no siempre fáciles, por desgracia.